Sinagoga antigua

Entre 1969 y 1974 el trabajo de los arqueólogos V. Corbo y S. Loffreda se concentró en las paredes y el empedrado de la monumental sinagoga bizantina de piedra blanca.

En las zanjas de la excavación realizadas en las alas laterales de la sala de oración, bajo la balconada y en el porticado oriental, aparecieron los restos de la habitación que fue derruida para dar mayor espacio a la sinagoga, que no se construyó sobre terreno al aire libre. Estos restos comprenden pavimentos de piedra, paredes de basalto, puertas, escaleras, conductos de agua y fogones.
Por el contrario, bajo la gran nave central, se encontró un único y amplio pavimento de guijarros de basalto del s. I d.C. que, por sus dimensiones, debía de pertenecer a un edificio público, posiblemente, la misma sinagoga del centurión romano, circunstancia que se explica debido a la continuidad de uso en el mismo lugar de objetos de culto.

En cambio, las imponentes paredes de basalto realizadas con sillares cuadrados y bien acabados, fueron utilizadas como cimiento de la sinagoga de piedra blanca. Las paredes sostienen los perímetros de la sala de oración y, de manera más discontinua, el estilóbato interno de la sala de oración. Los arqueólogos franciscanos Corbo y Loffreda llegaron a la conclusión de que estas paredes pertenecieron a los restos de una sinagoga anterior a la del s.V.
Las paredes de esta sinagoga de basalto negro son todavía visibles a lo largo del perímetro exterior de la sinagoga y muestran una alineación diferente respecto de la sinagoga de cal blanca, que se percibe, sobre todo, desde la esquina suroeste del edificio.

Queda por concretar la datación de esta sinagoga, que el P. Corbo considera parte del mismo edificio del s. I, del que se ha encontrado el pavimento de guijarros de basalto bajo la nave central; sin embargo, según el P. Loffreda, hay que situarla en una fase intermedia, entre la sinagoga del s. I y la de finales del s. V.

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