La iglesia octagonal a fines del del siglo V

Reconstrucción hipotética de la iglesia octogonal

La transformación en clave monumental de la zona sagrada se realizó cuando, en la época bizantina, se construyó una iglesia octagonal exactamente sobre la habitación venerada, una nueva forma arquitectónica utilizada para los lugares sagrados relacionados con los santuarios cristianos más importantes en Tierra Santa.

Todas las habitaciones contenidas en el interior del recinto fueron derrumbadas y enterradas para permitir la planificada construcción de una iglesia octagonal con pórtico abierto por cinco lados. Se construyeron una serie de habitaciones accesorias adosadas a la pared oriental.

Si el descuido y el tiempo, que transformaron en ruinas el poblado, se han cebado profundamente con la iglesia de san Pedro no dejando muchos restos, su particular forma arquitectónica y elegancia de los mosaicos son testigos de su originario esplendor.

Encerrada en el recinto sacro, el acceso a la iglesia se realizaba por un pórtico abierto que rodeaba cinco lados de la iglesia octagonal. Desde el pórtico se podía acceder también a las habitaciones laterales, las dependencias más próximas al lugar de culto. El pórtico, cubierto por una marquesina, estaba decorado con un mosaico de teselas blancas y negras que dibujaban un motivo en círculos con un botón central.

Desde la puerta principal, colocada a occidente, y por las laterales se entraba en la iglesia, formada por un octágono más grande con deambulatorio en forma de anillo alrededor del octágono central. Probablemente estaba iluminado por una serie de ventanillas y cubierto con un techo en pendiente con una falda. Los pocos restos del pavimento en mosaico describen motivos florales y racimos vegetales con teselas coloreadas sobre fondo blanco, que debían describir un ambiente natural de tipo nilótico.

Exactamente sobre la sala venerada se construyó el octágono central de la iglesia, pavimentado con un refinado mosaico, con un pavo real con la cola abierta en su totalidad y plumaje iridiscente, símbolo de la resurrección y de la vida eterna. El pavo real está colocado en el centro de un círculo y está rodeado por flores encerradas en semicírculos que se sobreponen. Un motivo de flores de loto rojas y azules enmarcaba el mosaico. El octágono central, con un techo alto con travesaños, debía de recibir la luz de las ventanas y de las grandes lámparas de bronce que colgaban del techo. También se puede suponer que las paredes estuvieran enyesadas y pintadas. No se conservan restos de ningún altar estable tapiado pero es posible que el comedor litúrgico fuera móvil.

El aumento del número de fieles hizo necesaria muy pronto la construcción de un baptisterio. El lugar elegido fue la parte oriental, conectada con dos nuevos ambientes de base triangular, los pastoforios, que se convirtieron en salas accesorias para la realización del rito. Se realizó una brecha en la pared para construir un ábside prominente, dentro del cual se dispuso una piscina para el rito del bautismo por inmersión.

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La Domus ecclesia en lo siglo IV: las excavaciones

Reconstrucción hipotética de la iglesia octagonal a fines del del siglo V