El Evangelio revelado a los secillos

James Tissot, 1836-1902 Dejad que los niños se acerquen a mí

A los doce, que por el camino estaban discutiendo quién de ellos era el más grande, Jesús les enseña que si uno quiere ser el más grande, «si uno quiere ser el primero, que sea el último y el siervo de todos».
Depuesta cualquier ambición, los apóstoles deben permanecer detrás de los demás, como últimos, y no intentar pasar adelante.
Conscientes de que han recibido la autoridad no por sí mismos sino por la utilidad común, deben someterse a los demás como siervos, y no intentar colocarse por encima de los demás.
¡Fuera todo autoritarismo y privilegio! Serán grandes solamente cuando, siguiendo el ejemplo de Jesús que los hace partícipes de su poder, ayuden a sus hermanos ejerciendo el encargo recibido por el bien de la comunidad.

Adinolfi-Bruzzone, Viaggio del cuore in Terra Santa, Piemme, Avellino, 2000, 51.

Quien desee conquistar el vértice de la Divinidad que busque la humildad más profunda; quien quiera superar al hermano en el Reino, que antes lo supere en el obsequio. Como dice el apóstol: «Amándoos de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo» (Rm 12, 10); quien destacar en santidad, que destaque en el servicio.

Máximo de Turín, sermones 48, 1-2.

El Evangelio revelado a los sencillos