Tradición litúrgica

James Tissot, 1836-1902 Jesús se desenrolla el libro en la Sinagoga

La devoción franciscana a Jesús y a los lugares santificados por su paso, Verbo de Dios hecho hombre, lleva consigo un estilo de oración que nace del deseo de conformarse a la imagen de Jesús, hombre pobre y crucificado. La celebración de los eventos de la vida de Cristo se concreta en la santa Eucaristía. La celebración de la misa votiva de la santa Eucaristía en Cafarnaún es una prueba concreta de la devoción de los hijos de Francisco en Jesús, presente en su cuerpo y en su sangre. De hecho, en la Tierra Santa existe una estrecha unión entre la historia y la arqueología, entre la devoción y la liturgia; tan fuerte que es capaz de constituir piedras fundantes de su tradición espiritual.
Los cristianos de los primeros siglos consideraron como Santos Lugares aquellos sitios de la geografía del Oriente Medio que tuvieron el honor de acoger los pasos del Hijo unigénito de Dios, de su santa Madre, de los apóstoles y en donde acontecieron los eventos del Antiguo Testamento. Los Santos Lugares son los testigos que hablan, de manera concreta, de los eventos históricos que anuncian la Palabra de Dios. En todos los lugares de la cristiandad, a partir del s. IV d.C., surgen por todas partes las grandes basílicas alrededor de las tumbas de los mártires. En la Tierra Santa lo que testimonia la presencia de Cristo es la geografía; las basílicas de la Tierra Santa, los Martyria, son relicarios que no custodian los huesos de nadie, sino aquella porción de Tierra que tiene las huellas del paso de Dios hecho hombre.
Durante siglos, en todos los Santos Lugares, la constante celebración de los misterios de Cristo por parte de la Iglesia ha producido escritos y transmitido prácticas de oración y veneración de estos Santos Lugares que constituyen un gran patrimonio litúrgico-devocional. En el caso de la casa de Pedro y de la sinagoga de Cafarnaún no ha sido así a causa de la decadencia de la ciudad de Cafarnaún, que no ha permitido transmitir el culto del Lugar Santo. Después, con la llegada de los frailes a la Tierra Santa, a partir del s. XIII, se sembraron las primeras semillas de una tradición descubierta y recuperada; de hecho, estos empezaron a dirigirse al Lugar Santo para venerar la casa del apóstol Pedro y la sinagoga. Las primeras celebraciones en las ruinas de Cafarnaún, testimoniadas en el s. XV, estuvieron caracterizadas simplemente por la oración del Pater, Ave y Gloria, para la adquisición de la indulgencia. Más tarde, en el s. XVII, se añadió la lectura del Evangelio (Jn 6, 24-59). Una vez que adquirieron el santuario de Cafarnaún en 1890, los frailes comenzaron a celebrar la fiesta de la santa Eucaristía en la sinagoga. En la actualidad, se celebran dos solemnidades: la festividad del anuncio de la santa Eucaristía y la de san Pedro Apóstol. Además, se realizan dos peregrinaciones, una en la octava de Pentecostés y otra en la octava del Corpus Christi.
Es hermoso recordar cómo en las peregrinaciones dedicadas a la celebración del anuncio de la santa Eucaristía en Cafarnaún, la Iglesia pide a los fieles que sean dignos de participar en el Pan de vida, pide tener fe para acoger el don del Cuerpo de Cristo, pide la esperanza en la vida eterna, pide la caridad para configurarse en Cristo en la entrega individual a los hermanos. En las oraciones se reconoce a Dios como fuente de todo bien, y en Jesús sacramentado, el don más grande para el hombre. A Dios se le pide también la participación en el Pan de vida eterna para que sea fuente de vida para los demás. La participación en el amor debe edificar la fraternidad entre los hombres. Las oraciones insisten en que la fuerza para poner por obra esta caridad, que constituye la fraternidad, tiene su fuente en la palabra de vida eterna y en la comunión con el Cuerpo y Sangre de Cristo.


El Pan de vida

Jesús es el Pan verdadero de Vida

Eucaristía