Eucaristía

James Tissot Francés, 1836-1902 La Comunión de los Apóstole

Jesucristo Nuestro Señor, que con amor inefable se ha entregado a sí mismo por nosotros.” (Celano, Vita prima di San Francesco d’Assisi, Cap. XXX, [FF86])

Tanto en la Iglesia como en la espiritualidad franciscana, el misterio de la encarnación de Cristo y el don de su cuerpo y de su sangre en la Eucaristía, representan el centro y culminación de la celebración del amor del Padre por sus hijos. Este anuncio hecho por Jesús en la sinagoga de Cafarnaún revela toda su misteriosa entrega a los hombres; pero las consecuencias de estas palabras hicieron que se alejaran muchos de sus seguidores. Jesús no fue comprendido por todos, al contrario, se le consideró un loco. Lo que la gente buscaba eran sus milagros y curaciones y no la novedad y la profundidad del mensaje que había venido a anunciar a los hombres, que requería un seguimiento más radical, que anunciaba un amor total de Él hacia la humanidad, que no tenía el sabor del milagro ni del Dios que se revela en la poder y en la fuerza.
El discurso eucarístico de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún revela a los que le siguen, al día siguiente con la multiplicación del pan y de los peces, cuál es el pan verdadero que no perece. El anuncio de Jesús, en el que proclama que sólo quien coma su carne y beba su sangre tendrá la vida eterna, constituye una prueba de fe que no es fácil de superar por los discípulos. La fe se exige a los discípulos de aquel tiempo y de todos los tiempos. Cuando cada uno de nosotros se encuentra delante del Pan y del Vino consagrados, necesita el don de la fe para acoger a Cristo y en Él tener la vida eterna.

El Pan de vida

Jesús es el Pan verdadero de Vida

Tradición litúrgica