Jesús es el Pan verdadero de Vida.

James Tissot, 1836-1902 La exhortación a los Apóstoles

El alimento que perece y el que da la vida eterna

En la sinagoga de Cafarnaún, Jesús dice que ha sido enviado por el Padre y reclama la fe en Él. Pero la multitud de Galilea considera sus milagros insuficientes para exigir aquella fe y pide un prodigio análogo, si no superior, al del maná que Moisés hizo bajar del cielo. No, rectifica Jesús. No fue Moisés sino Dios el que mandó a los israelitas el maná que los alimentó. Y también ahora es Dios el que presenta a su enviado a todos los hombres para saciar sus aspiraciones a una vida que no tendrá fin. Es Jesús, el verdadero Pan de Vida. Y quien no cree en él está perdido, porque en la era mesiánica basta, para creer, dejarse atraer por la gracia de Dios. ¿Y que fue el maná en comparación con el pan que Jesús promete? Un alimento que no preservó de la muerte. Él, en cambio, garantiza la vida eterna.
Sigue la alusión a la eucaristía, a su carne que será ofrecida en sacrificio por la humanidad. Quien recibe este alimento auténtico recibirá la Vida, la vida eterna de Aquel a quien el Padre ha constituido en dador de vida.
Muchos discípulos encontraron este discurso misterioso y difícil de aceptar. Pero la cruz y la glorificación del crucificado demostrarán que tanto la Eucaristía como la palabra reveladora del Espíritu son de verdad capaces de dar vida.
Muchos de sus discípulos, nos dice el evangelista, abandonaron a Jesús. En cambio Pedro, en nombre de los apóstoles, ratifica su fe en Él, el Mesías que Dios ha mandado y consagrado y cuyas palabras transmiten la vida eterna a quien las escucha.

M. Adinolfi – G. B. Buzzone, Viaggio del cuore in Terra Santa, Casale Monferrato 2000, 56-57.

El Pan de vida

Eucaristía

Tradición litúrgica